2 de febrero de 2026

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La ciencia confirma que el movimiento y la voz son tan únicos como la huella digital

Un estudio realizado por las universidades de Manchester y Brunel de Londres demostró que la forma de caminar, gesticular y hablar constituye una firma dinámica de identidad tan irrepetible como el rostro o la huella digital. Los hallazgos abren nuevas posibilidades para la seguridad, la biometría y el entendimiento del cerebro humano.

La firma dinámica: identidad en movimiento

Los investigadores sostienen que cada persona desarrolla patrones únicos de movimiento y voz que, con el tiempo, se convierten en señales reconocibles. Reconocer a un amigo por su forma de andar o por el tono de su voz, incluso a distancia o en condiciones de baja visibilidad, se debe a la capacidad del cerebro de registrar y procesar estas huellas dinámicas.

El movimiento no solo aporta información tridimensional del rostro, sino que también transmite gestos y expresiones que enriquecen la identificación. Cuanto más expresiva es una persona, más fácil resulta reconocerla.


Experimentos y hallazgos clave

El estudio incluyó la manipulación de vídeos para analizar cómo los cambios en velocidad o dirección afectan la capacidad de reconocimiento. Los resultados fueron claros:

  • Cuando se eliminan los rasgos idiosincráticos del movimiento, disminuye la precisión para identificar rostros conocidos.
  • Existe una sincronía entre voz y movimiento facial, lo que facilita emparejar un rostro desconocido con una voz familiar.
  • Incluso con estímulos mínimos —como representaciones en puntos de luz que solo muestran movimiento— las personas logran reconocer a conocidos con gran acierto.

Los científicos también distinguieron entre lo “característico” y lo “distintivo”: un gesto peculiar facilita el reconocimiento, pero incluso movimientos comunes se vuelven útiles cuando forman parte del estilo único de alguien.


El cerebro y la identidad dinámica

La investigación destaca el papel del surco temporal superior posterior (pSTS), una región cerebral que responde con mayor intensidad a rostros y cuerpos en movimiento que a imágenes estáticas. Esta área también procesa la voz, lo que la convierte en un centro clave para integrar señales dinámicas de identidad.

Sin embargo, no se trata de un único “interruptor”, sino de una red más amplia que incluye áreas dedicadas a caras, cuerpos y movimiento. Los científicos proponen incluso un “espacio espaciotemporal” de identidades, donde el tiempo y la secuencia de gestos son dimensiones esenciales.


Diferencias individuales y aplicaciones prácticas

Las habilidades para reconocer identidades dinámicas no son iguales en todas las personas:

  • Los “super-reconocedores” pueden identificar a famosos en segundos.
  • Quienes padecen prosopagnosia (dificultad para reconocer rostros) se benefician del movimiento para compensar sus limitaciones.

Estas diferencias sugieren que el procesamiento de identidades estáticas y dinámicas es parcialmente independiente.

Las aplicaciones prácticas son amplias:

  • Mejorar la precisión de los sistemas biométricos.
  • Potenciar la seguridad en el análisis de vídeos de baja calidad.
  • Desarrollar nuevas terapias para trastornos del reconocimiento social.

Más allá del rostro: una identidad completa

El estudio concluye que el cuerpo entero transmite información única. La marcha, los gestos de manos, la postura y los movimientos expresivos —como en el baile o el deporte— amplifican los rasgos individuales. En conjunto, constituyen una huella dinámica que complementa al rostro y la voz.

Así, la ciencia confirma que cada persona se mueve y suena de manera tan singular como su propia huella digital, una perspectiva que redefine la identidad humana en el siglo XXI.