Boliviana de Aviación (BoA) atraviesa una de las etapas más críticas desde su creación en 2009. Pese a dominar el mercado interno y transportar más de 3,6 millones de pasajeros al año, la aerolínea estatal acumula pérdidas históricas que superan los Bs 432 millones, enfrenta 43 procesos judiciales activos y muestra severas deficiencias operativas y administrativas.
Los informes financieros de 2024, revisados por EL DEBER, revelan que BoA presenta un desequilibrio patrimonial estructural, oculto tras una aparente utilidad contable de Bs 84,4 millones registrada el año pasado. Sin embargo, esta mejora fue producto de un ingreso extraordinario por la venta de la aeronave CP-2881, un evento no recurrente que permitió maquillar temporalmente sus estados financieros.
De la expansión al déficit permanente:
BoA fue fundada en 2009 como el brazo operativo del Estado para competir con AeroSur. En una década, pasó de movilizar 260.000 pasajeros a más de 3,6 millones, consolidando su posición como la principal aerolínea del país.
Pero su expansión nunca se tradujo en rentabilidad: los balances oficiales muestran que no cumplió ni una sola meta de utilidades entre 2015 y 2020.
En 2019, las tensiones políticas y sociales redujeron drásticamente sus operaciones, con pérdidas de Bs -200 millones.
Un año después, la pandemia provocó una pérdida adicional superior a $us 50 millones, golpe del que la compañía nunca se recuperó por completo.
En 2023 cerró con un déficit de Bs -195,9 millones, y aunque en 2024 reportó una utilidad contable, los datos de enero y febrero de 2025 ya muestran una pérdida acumulada de Bs 33,9 millones, reflejo de una fragilidad persistente.
Contrataciones directas y opacidad administrativa:
El área administrativa de BoA también está bajo observación. En 2024, la empresa ejecutó Bs 125,7 millones en contrataciones, de los cuales el 93% (Bs 116,8 millones) se adjudicaron por contratación directa, sin licitaciones públicas.
Solo seis procesos se tramitaron mediante el formulario F-3009 —instrumento que las empresas estatales deben usar para reportar sus procesos de compra— y uno de ellos no se concretó.
Los informes también evidencian un crecimiento del 227% en disponibilidades (caja y bancos), impulsado por ingresos extraordinarios, mientras que los activos no corrientes cayeron un 20% y los activos diferidos se redujeron casi a cero (-99%).
Estos movimientos contables, junto al aumento del 55% en depreciación y amortización, despiertan dudas sobre la consistencia del resultado reportado.
En total, BoA enfrenta 43 procesos judiciales: laborales, civiles y administrativos, que podrían generar nuevas contingencias financieras en el corto plazo.
Crisis operativa y deterioro del servicio:
Más allá de los números, BoA enfrenta una crisis visible para los usuarios.
Durante 2024 y lo que va de 2025, aeropuertos de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz registraron retrasos prolongados, vuelos reprogramados sin aviso y quejas por mal servicio.
Las denuncias en redes sociales y oficinas de atención al usuario se multiplicaron, afectando la imagen de la compañía y la confianza de los pasajeros.
Auditoría y cambio de rumbo:
El nuevo ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, anunció una auditoría integral a la aerolínea estatal.
“BoA es un tema delicado. Ahí vamos a entrar fuerte”, declaró, señalando que la revisión abarcará dos frentes: operaciones y administración.
Zamora aseguró que la auditoría será más exhaustiva que los diagnósticos previos:
“Lo anterior fue una radiografía. Ahora vamos a entrar a una resonancia magnética. Vamos a ver qué pasa realmente”, afirmó.
El Gobierno pretende reestructurar la compañía para recuperar la transparencia, el mantenimiento y la calidad del servicio, además de abrir el mercado aéreo a nuevos competidores.
“Una BoA estable y bien administrada es clave para recuperar la conectividad internacional de Bolivia”, sostuvo el ministro.
El debate sobre el modelo estatal:
Para Jorge Valle, presidente de la Asociación de Líneas Aéreas de Bolivia (ALA), la auditoría llega “tarde, pero es necesaria”.
“BoA alteró el mercado desde 2009 con tarifas subsidiadas y respaldo estatal. Desplazó a AeroSur y terminó generando un monopolio de facto”, afirmó.
Valle sostiene que la estatal debe competir en igualdad de condiciones y plantea incluso explorar una fusión con el Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) o abrir espacio a nuevas aerolíneas privadas bajo reglas claras y no intervencionistas.
Por su parte, el economista Fernando Romero advierte que BoA “sigue expuesta a presiones financieras por altos costos operativos, inversiones en mantenimiento y arrendamientos de aeronaves”.
“Habrá que ver si la empresa puede sostener esas cargas en un entorno competitivo. Todo dependerá del alcance real de la auditoría”, señaló.
Entre la reestructuración y el colapso:
Los resultados de la auditoría marcarán el futuro de BoA.
Si los hallazgos confirman las pérdidas y las irregularidades detectadas, la empresa deberá reestructurarse profundamente o enfrentar un colapso operativo.
Después de quince años de operaciones, la aerolínea estatal sigue atrapada entre su promesa de integración nacional y el peso de sus propias deudas.
BoA fue concebida como símbolo de soberanía aérea; hoy, su “caja negra” refleja un modelo agotado que debe redefinirse si quiere seguir volando.
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